Alfonso Sáenz, recibe el agradecimiento de sus padres en su acolitado.


Un emocinado agradecimiento por parte de los padres de Alfonso en el Día del Seminario en que que recibió después de los testimonios vocacionales el ministerio de acólito por manos de nuestro obispo D. Carlos.

Alfonso, hijo mío: Aunque sea yo quien te hable, lo hago también en nombre de papa porque ya sabes que somos un solo corazón. ¿Cómo expresarte la alegría que sentimos en este momento? Somos conscientes de tu proceso, y no podemos vencer la tentación de mirarte desde chiquito y saborear la experiencia que nos has proporcionado. Has sido un niño bueno y cariñoso que ibas alcanzando edad con normalidad. El Señor ha estado siempre contigo y bien pendiente por cierto, pues desde tus años de niñez-adolescencia ya apuntabas maneras preocupándote de amigos y compañeros especialmente los que veías con alguna carencia o en desventaja. Así ha seguido tu línea. Hoy sentimos satisfacción cuando se acercan y nos preguntan por ti y agradecen cómo te has acercado a quien necesitaba de tu compañía y de tus cosas. También te hemos de decir que hubo una temporada que nos tuviste en ascuas. ¡Qué noches! ¿Dónde estará? ¿Cuándo vendrá? ¿Con quién andará?… ¡Nos sorprendiste! Sí, hijo. Hasta el punto de no querer decirlo por miedo a que retrocedieras. Y, sin embargo, en frío, tu padre y yo a lo largo de tus años, con los altibajos normales, intuíamos que algo buscabas en tu interior. ¿Qué cosas, hijo!. Las circunstancias adversas que vivimos han sido como un puzle que ha manejado el Señor colocando cada pieza en su lugar hasta llegar a este gran momento. Deseamos decirte tus padres, hermanos y sobrinos, abuela, y toda la familia, que estamos orgullosos de tu hermosa decisión y aunque lo sabes, que tienes nuestra ayuda y cariño para siempre. Cuenta con nosotros y que Dios te bendiga y ayude a culminar tu camino.

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