La vocación al matrimonio como unión sagrada.


Vocación de quererse para siempre. 2016

Yo, Javier, en presencia de Dios y de su Iglesia, te quiero a ti, Sandra, como mi esposa y me entrego totalmente como tu compañero, amigo y esposo, para compartir contigo lo que soy y lo que tengo desde este instante y hasta que Dios nos separe.

 Te entrego mis manos con las que trabajaré para ofrecerte los frutos de cada día y construir junto contigo nuestro hogar.

Te entrego mi mente con la que te tendré siempre presente, en la que guardaré todos nuestros momentos felices y con la que comprenderé y respetaré las diferencias que puedan existir entre nosotros.

 Uno al tuyo mi corazón, a tu vida la mía, para amar lo que tu ames y como tu lo ames, porque así conseguiré tu felicidad, que es la mía.

 Te entrego mi cuerpo para que junto con el tuyo se complemente y se hagan uno ante el Señor. Te entrego mi ser para que lo santifiques, me ayudes a superar mis defectos y a reforzar mis virtudes.

Te entrego mi alma para que la guardes y la unas a la tuya con el fin de mantenerla siempre en gracia hasta el día en que, después de haber cumplido la voluntad del Señor, a él se la entregue.

Finalmente, Sandra, te entrego todo mi amor, mi ilusión, mi cariño y prometo serte fiel en la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad y renovar mi amor y respeto a ti todos los días de mi vida.

 Que Dios que nos ha unido no se aparte nunca de nosotros y nos bendiga siempre.

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