Las alegrías sacerdotales


Revivir las alegrías del sacerdote (31 años de sacerdocio) es, desde luego, muy fácil.

Me traslado a la fecha del 21 de junio de 1986, donde, con cinco compañeros más, era ordenado sacerdote por el entonces nuestro obispo D. Francisco Álvarez. Era la alegría de llegar a la meta de tus deseos de ser sacerdote; alegría compartida a nivel diocesano con todos los allí presentes:

  • 6 de julio: mi primera misa (no digo cantamisa, porque yo cantar…) en mi parroquia con la familia y la comunidad en la que has nacido y vivido tu fe. Una fiesta por todo lo grande.
  • 1 de septiembre, mi primer destino: Autol con chicos de acogida. Allí era vivir con una alegría constante (bueno, y algún esfuerzo) la entrega a Dios y a la Iglesia, compartiendo muchos momentos de felicidad en la lucha del día a día. 20 años compartidos con muchísima gente (los últimos cuatro también en Herce y Préjano) pero llega el momento de romper con todo y vivir el cambio.
  • 15 de octubre de 2006: toma de posesión de la parroquia de Albelda de Iregua. Pena por lo que dejas y una inmensa alegría por lo que viene. Parece que hasta rejuveneces. Nuevas personas a conocer, nuevas ideas y nuevas oportunidades. (eso supone todo cambio, en esa disponibilidad al Señor y al Obispo )
  • 21 de junio de 2011: bodas de plata. Otra vez una fiesta grande, rodeado de familia, amigos, feligreses… gente que en tus 25 años sacerdotales has ido conociendo y viviendo con ellos muchos momentos de tu vida; es descubrir con el paso del tiempo como Dios te ama con intensidad y te rodea de gente maravillosa. Pero seguro que estás alegrías las hemos experimentado todos los sacerdotes.

Otra alegría no esperada. EL mejor Regalo en las Bodas de Plata

Hoy quiero resaltar la alegría muy personal de un sobrino que te dice “tío, quiero entrar en el seminario”.  Entonces es cuando tu corazón da un vuelco y la mente se llena de recuerdos. Han sido casi dos años de encuentros, charlas, paseos… Descubrir en un sobrino de casi 35 años que Dios, aunque siempre ha estado presente en su vida, él lo va descubriendo con más intensidad hasta escuchar las palabras de Jesús: “déjalo todo, ven y sígueme”.  Una labor estupenda, ayudarle a echarse en las manos de Dios y confiar.

Y aquí viene la verdadera alegría: revivir en su caminar que Dios también se hace presente en tu propia vida con más intensidad. Es como comenzar de nuevo; revivir 30 años después, esos años de seminario, esa alegría de juventud, ese sentir en tu corazón un Dios siempre joven y vivo.

Ahora a esperar que después de su año de pastoral reciba su diaconado y su ordenación sacerdotal. ¿Será sólo la suya? ¿O será también otra nueva ordenación para mí? Yo desde luego espero con el corazón rejuvenecido esa alegría de un 21 de junio de 1986.

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