Seminario Mayor


Saludo del Rector

RECTOR

Hoy el mundo necesita gente generosa y decidida, que no tenga miedo a tomar decisiones importantes en su vida. Gente que no sea roñosa y que sea capaz de dar mucho aunque reciba poco. Hoy se necesitan chicos y chicas que estén dispuestos a dar ciertos pasos que no están de moda, que provocan miedos e inseguridades. La mayoría de vosotros os casaréis, llegaréis al matrimonio cristiano con un compromiso firme de quereros, de formar una familia donde a pesar de las dificultades, todos de quieran. Alguno y alguna de vosotras os plantearéis en la vida otros caminos que os van a llevar a pensar en la posibilidad de seguir al Señor para un servicio más exclusivo en su Iglesia. No descartes ésta posibilidad si notas que en tu interior hay como ciertas llamadas, deseos, inclinaciones. También sería bueno que lo hablases con amigos que te puedan ayudar o con nosotros en cuento nos conozcas. Lo que os presentamos en esta revista no sólo son actividades programadas para este curso que ya hemos comenzado, son encuentros, actos, campamentos y actividades que te os van hacer vivir otras experiencias diferentes a las que ofrece  el mundo hoy. Lee con atención los testimonios de los jóvenes que han vivido la llamada del Señor en ellos y que hoy por hoy son felices con Él. No dejes de inscribirte a todo lo que te guste y creas que te puede atraer. Deja que la gracia de Dios llene tu corazón de su hermosura y vente con nosotros.

SEMINARIO DIOCESANO 7

 

 

El Seminario Mayor

Hay chavales que vienen al Seminario después de terminar Bachillerato. Otros, mayores, algunos dejando un trabajo fijo o casi a punto de terminar una carrera. De cualquier forma, jóvenes que descubren la llamada de Dios y se deciden a seguirla. A pesar de muchas luchas y contrariedades aquí están con nosotros.

Conoce a nuestros seminaristas.

 

ALFONSO

ALFONSOHola, me llamo Alfonso y soy seminarista de La Rioja. Este es mi cuarto año aquí y ahora que me piden que escriba algo… ¡qué rápido pasa el tiempo!

Tengo que confesar que cuando empecé me costó mucho dar el paso y, más que lanzarme decidido a un propósito claro, lo mío fue un salto confiado a lo desconocido (la Iglesia).

Sí, sabía que necesitaba dejarme hacer, dejarme llevar… dejarme renacer. Sabía que necesitaba quitarme la idea de las cosas como las había conocido; redescubrir el mundo con un sentido nuevo, verlo todo desde la fe. Profundizar en esa fe y, claro, conocer al jefe; pasar más tiempo junto a él y sólo con él.

El jefe, ¿que quién es? Pues ya sabéis: nuestro buen Jesús. Así que eso hice: dejé todo y me vine para aquí.

¿Que qué tal? Pues fenomenal; ¿que si no me arrepiento? Pues no, ¡tan contento que estoy, oye!

Por eso sigo aquí, a más de la mitad del camino recorrido casi sin darme cuenta. Y mirando atrás, mirando dentro, sé que muchas cosas han cambiado. Por eso pienso que no me será tan difícil dar el paso cuando llegue el momento (un paso más). Y creo que no será tan difícil permanecer en dar la vida (en hacer lo que toca) cada día, como obrero, para que el jefe realice su obra aquí y ahora; conmigo…

¡Qué suerte! ¿No? Pues eso mismo pienso yo.

Un abrazo a todos y espero que os sirva para daros ánimo y para que os animéis, también a ayudarnos con alguna que otra oracioncilla.

 

JUANJOJUANJO

Hace 10 años decidí dar un paso, que hoy me doy cuenta de que ha sido una decisión que me ha llenado de alegría: entre en el Seminario de Logroño. ¿Cómo puede ser que un chico de 13 años pueda saber cuál es su futuro?

Yo entré al seminario menos con la convicción de que yo quería ser sacerdote. Yo conocía al cura de mi parroquia y en ocasiones “me daba envidia” y quería ser como él. Decidí ir al preseminario (unas convivencias un fin de semana al mes), y ví qué era eso de ser seminarista. Al decidirme entrar en el seminario, entre intuiciones de si Dios me llamaba para ser sacerdote, fui dando mis primeros pasos hacia ese conocimiento de quién es Dios y qué quería de mí. Esto no se escucha, como puedes oír a tus padres o a tus amigos cuando te piden un favor, sino que es un “movimiento del corazón” que te impulsa a dar todo a Dios, buscando y encontrando en Él la felicidad.

Después de este tiempo en el seminario puedo decir que estoy feliz de haber dado un paso de conocer a Dios, y esto es lo más grande que yo he vivido, y es el “motor” de mi vida. Es cierto que no hay un camino de rosas, sino que poco a poco he ido creciendo (humanamente y espiritualmente), haciendo que lo que yo notaba a los 13 años en mi corazón, fuera entendiéndolo y haciendo lo que Dios quiere de mí.  

¿Puedes ser feliz siendo cura? Yo creo que la felicidad se encuentra en la entrega generosa hacia lo que , desde tu interior, ves que Dios quiere de ti; desde esto el ser sacerdote puede ser la felicidad en tu vida….¿te animas?.

 

MANUELMANUEL

La mitad de la vida en Burgos. No, no es una expresión ni una exageración, sino el echar un vistazo rápido para conocer el camino que me ha traído hasta donde estoy hoy. A algunos quizás os sorprenda que un niño de once años se haya ido de su pueblo a las frías tierras castellanas tan de joven. Bueno, a mí también me extraña, pero Dios sabrá lo que se hace.

Yo era un chaval normal, con mi familia, mis amigos… Era “Manolito”, un niño al que le gustaba hacer de monaguillo en su parroquia tras hacer la comunión. Nada fuera de lo común, salvo que empezaba a ir a Misa porque me sentía a gusto y ya no tanto por las propinas que nos daba el cura. Poco a poco, Dios se fue metiendo en mi vida. ¿Cómo? No, no me habló, ni tuve visiones, ni nada por el estilo. Todo fue muy natural. Sencillamente, empecé a ir al encuentro de monaguillos que organizaba el seminario, de campamentos con los seminaristas… Hasta que Dios te la lía.

Entonces, tocó dar el paso: Ir al seminario. A mis padres no les convenció en absoluto; primero porque me iba lejos, y después porque en mi casa no se vivía una fe profunda. Dándome la posibilidad (y para ellos certeza) de volver al año que viene al pueblo a estudiar, me dejaron libertad para irme a Burgos. ¡Nada más lejos de la realidad! Estudiar, seguí estudiando, pero allí.

Ahora, después de once años en el seminario, y no siendo “Manolito” sino “Manolo”, puedo decir que es una gozada las liadas que hace Dios. ¿Duras? Muchas veces sí, pero no tanto como la alegría que se saca de ellas. Al final todo se basa en dejarse llevar… por Él.

 

GABINOGABINO

Hola, soy Gabino, el único diácono de la diócesis. Soy de Calahorra y tengo 26 años. Entré al seminario cuando tenía 15 años, para hacer tercero de la ESO, después de haber tenido una experiencia que me motivó, en Benín, África, en la misión que la diócesis tiene allí, cuando fui con mis padres a ver a mi párroco que se había ido de misiones. Después de ese viaje, comencé a preguntarme qué era lo que hacía por los demás y lo que podía hacer. Ahí fue cuando descubrí la vocación a la que Dios me llama, ya que Él tiene pensada una vocación para cada uno de nosotros, sólo tenemos que descubrir cuál es, que no es fácil.

El 20 de junio de este año, en el seminario, el obispo D. Juan José me ordenó de diácono, de manera que ya me comprometí a guardar las promesas de la obediencia al obispo, del celibato y del rezo de la liturgia de las horas, estando un pasito más cerca del sacerdocio.

Ahora me encuentro acabando un master en teología moral y pastoral en la universidad de Comillas en Madrid, preparándome para ser un buen sacerdote, pues seré el próximo sacerdote ordenado en la diócesis ya que me ordenarán de cura dentro unos pocos meses.

Yo ya puedo decir que he descubierto lo que Dios quiere de mí y me hace muy feliz. Tú, ¿puedes decir lo mismo?