Ser llamados desde el vientre de nuestras madres.


El obispo abraza a la madre del que dio a luz el que Dios ha querido llamar para ser luz.

Así también nos recuerda el profeta Jeremías:

"Me llegó una palabra de Yahvé : «Antes de formarte en el seno de tu madre, ya te conocía; antes de que tú nacieras, yo te consagré, y te destiné a ser profeta de las naciones.»

Yo exclamé: «Ay, Señor, Yavé, ¡cómo podría hablar yo, que soy un muchacho!».Y Yavé me contestó: «No me digas que eres un muchacho. Irás adondequiera que te envíe, y proclamarás todo lo que yo te mande." 

 

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