Tenemos que cuidar las vocaciones


  Damos gracias al Señor por el don que nos ha concedido en este verano de    la ordenación diaconal de dos candidatos al sacerdocio. En el mes de Julio,    en Autol, recibió la ordenación diaconal Manuel Hernández. Ahora en       septiembre, el día 23, la acaba de recibir Juan José Fuentes en su parroquia    Logroñesa de Santa Teresita de Lisieux. Junto a ellos nuestros cinco     seminaristas también están viviendo con intensidad y alegría su proceso   vocacional: dos en el mayor y tres en el menor.

Agradeciendo la respuesta esperanzadora de estos jóvenes, en la diócesis seguimos elevando nuestra plegaria constante y confiada al Padre para que envíe trabajadores a su mies. Me consta que a través de la red de intercesores y del maratón de oración por las vocaciones muchos de vosotros de modo particular y comunitariamente estáis rezando mucho por esta intención.

Nos gustaría que fuesen muchos los jóvenes que se decidiesen a dar el paso de seguir a Jesús en el sacerdocio ministerial. Por eso la actual realidad vocacional de La Rioja nos mueve a la reflexión. Todos somos conscientes de las dificultades que existen a la hora de que nuestros jóvenes se planteen, tan siquiera, su inquietud vocacional. El problema que se presenta no solo afecta al tan necesario relevo generacional de nuestros presbíteros; incumbe también a la vida misma de la Iglesia. En ese sentido la exhortación apostólica post-sinodal Pastores Dabo Vobis  (PDV nº 41) de San Juan Pablo II nos recordaba: “La vocación sacerdotal es un don de Dios, que constituye ciertamente un gran bien para quien es su primer destinatario. Pero es también un don para toda la Iglesia, un bien para su vida y misión. Por eso la Iglesia está llamada a custodiar este don, a estimarlo y amarlo. Ella es responsable del nacimiento y de la maduración de las vocaciones sacerdotales”.

La presencia de nuestros seminaristas nos mueve a valorar el gran regalo que supone su vocación al sacerdocio. A la vez, nos estimula a seguir trabajando en este terreno con realismo e ilusión renovada, pues tenemos la convicción de que Dios sigue hoy llamando al sacerdocio.

Pero ¿quién tiene que desarrollar ese trabajo?: “Es muy urgente, sobre todo hoy, que se difunda y arraigue la convicción de que todos los miembros de la Iglesia, sin excluir ninguno, tienen la responsabilidad de cuidar las vocaciones. El Concilio Vaticano II ha sido muy explícito al afirmar que «el deber de fomentar las vocaciones afecta a toda la comunidad cristiana, la cual ha de procurarlo, ante todo, con una vida plenamente cristiana». (Optatam totius nº2). Solamente sobre la base de esta convicción, la pastoral vocacional podrá manifestar su rostro verdaderamente eclesial, desarrollar una acción coordinada, sirviéndose también de organismos específicos y de instrumentos adecuados de comunión y de corresponsabilidad” (PDV nº 41).

Es de agradecer el trabajo constante e ilusionado que se realiza desde la Delegación diocesana de Pastoral vocacional, con múltiples y audaces iniciativas. Pero junto con ella, el obispo, los sacerdotes, los religiosos y religiosas, la familia cristiana, los fieles laicos, las comunidades parroquiales y en particular los catequistas, los profesores, los educadores, los animadores de la pastoral juvenil, los grupos, movimientos y asociaciones de fieles, todos en definitiva, tenemos que tomar conciencia de nuestra responsabilidad a la hora de animar, suscitar y acompañar  vocaciones sacerdotales en nuestras comunidades cristianas. La premisa que lanzaba el Concilio Vaticano II no deja de ser iluminadora y se convierte en un objetivo: nuestras comunidades cristinas deben estar vivas y vibrantes.

Creo que en este tema tenemos uno de los grandes retos pastorales para nuestra diócesis. La oración de todos no debe faltar al Señor de la mies para que envíe trabajadores a su mies. A partir de ahí debemos seguir trabajando con imaginación, creatividad y constancia con el fin de acompañar a nuestros jóvenes para que estén en disposición de acoger la llamada del Señor.

+ Carlos Escribano Subías

Obispo de Calahorra y La Calzada – Logroño

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