Pequeños textos para días grandes: «Sed de cosas grandes».


He estado pensando últimamente en el ruido que invade nuestras rutinas. No nos
paramos a pensar ni a observar el mundo en el que vivimos.
Vemos que la mayoría de la gente navega sin ningún tipo de dirección ni brújula con la
que orientarse.
¿Por qué hacemos esto en vez de esto otro? Pareciera en diversas ocasiones que
sencillamente nos dejamos guiar por los sentimientos, por lo que “nos apetece” y “nos
gusta».
Las experiencias emocionantes e “inolvidables” son como un caramelo: Mientras lo
tienes en la boca lo disfrutas y te gusta, pero cuando se acaba aún tienes hambre.
Así es el ser humano: tenemos hambre y sed de cosas grandes.
La comodidad de la apetencia no ha de estar nunca por encima de la voluntad de hacer
lo correcto.
Los cristianos debemos ser la sal de la tierra y la luz del mundo. Debemos vivir con fe,
esperanza y caridad. Virtudes que se fortalecen en la oración.
No basta con no hacer el mal. El verdadero bien es desinteresado, honesto y no busca
el reconocimiento ni el aplauso fácil. Es el que hace las cosas por amor a Dios.
Por esto el alma le busca. Porque Él es el único que puede saciar la sed de plenitud que
tanto persigue la sociedad actual. Sin embargo, en un mundo que rechaza a Dios, las
personas son “dioses” de sí mismas, con su egoísmo por bandera y su soberbia al
timón.
Por eso os invito a navegar en un barco diferente, uno que va a contracorriente y tiene
a bordo al mejor Capitán…
Jorge Chasco González

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